Este artículo fue traducido por Azucena Rasilla

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Nota del editor: lea más sobre como reportamos esta historia.

Si fuera un domingo cualquiera, Mario González se habría levantado temprano para ayudar a su hermano menor Efraín de 23 años, que tiene autismo, a bañarse y prepararse para el día. Luego, Mario habría omelets con queso para Efraín, su madre Edith Arenales y un licuado para su hijo Mario Jr., quien va a cumplir cinco años el mes que entra. 

Sin embargo, en un domingo reciente, Arenales se encuentra apurada tratando de hacerlo todo sola. Ella está atendiendo las necesidades de Efraín mientras Mario Jr. recorre el patio montado en su monopatín afuera de la casa de la familia en la 100th Ave. en el este de Oakland. La ausencia de su hijo mayor es dolorosamente palpable.

El 19 de abril, varios policías de la ciudad de Alameda detuvieron a Mario González, de 26 años, tumbandolo al suelo y lo inmovilizaron hasta que perdió el conocimiento y dejó de respirar. Un vecino había llamado a la policía porque se sentía incómodo con la presencia de Mario en Scout Park, una pequeña franja de parque localizada en un vecindario rico de la ciudad cerca del centro comercial South Shore. Su asesinato provocó indignación entre la policía y algunos residentes de Alameda quienes tienden a llamar a la policia cuando ven a personas que no son blancas visitar la isla. El asesinato de Mario fue solo el incidente más reciente en el que se llamó a la policía de Alameda contra una persona de color sin haber necesidad de hacer cumplir la ley.

Pero aunque muchas personas han leído las historias de su muerte, en el New York Times, NPR y otros medios de comunicación nacionales, y el video de sus últimos momentos en vida, pocos saben quién era Mario.

Oaklandside visitó la casa de Mario y habló con su madre, otros miembros de su familia y amigos. Todos ellos describieron a un joven con un corazón noble y protector que se dedicó a su madre y sus tres hermanos menores, Víctor, Efraín, Jerry y a su hijo.

Edith Arenales y Efraín González miran las fotos apiladas en la mesa de la cocina. Crédito: Amir Aziz

Después de que sus padres se separaron cuando Mario tenía 12 años, él asumió la responsabilidad de ayudarle a su madre y velar y cuidar a sus hermanos. Los últimos años fueron especialmente difíciles para él. La pandemia, la pérdida de empleos, la imposibilidad de asistir a la escuela, la muerte de su padre y la trágica muerte de su hermano menor Víctor en 2017 afectaron su salud mental.

Quienes lo conocían bien dijeron que Mario soñaba con volver a la escuela y ganar lo suficiente para mudarse con su familia lejos de los vecindarios peligrosos donde vivió. Su madre dijo que tenía la esperanza puesta en mudar a la familia a Alameda. Mario veía a la ciudad de Alameda como el lugar donde él y su familia podrían vivir seguros. 

Trágica e irónicamente, fueron los residentes de Alameda quienes llamaron a la policía, y fue en la pequeña y próspera isla donde murió a manos de las fuerzas del orden.

Una infancia feliz en Oakland

Mario tenía solo tres meses cuando él y su madre emigraron de Chihuahua, México, a California en 1994.

“Sufrimos bastante cuando cruzamos,” dijo Arenales. Llegaron sin papeles, como lo han hecho millones de inmigrantes para buscar un futuro mejor.

Arenales se reunió con su esposo, Víctor Mario González, quien había emigrado a Estados Unidos antes que el resto de la familia y trabajaba como camionero. Vivieron en Santa Cruz, San José y Fremont, antes de mudarse finalmente a Oakland, donde alquilaron un apartamento en la 27th Ave. En 1998, compraron una casa en 105th Avenue.

“Nuestra situación financiera estaba mejorando,” dijo Arenales. “En ese momento estaba embarazada de Jerry [Gerardo]. Su papá nos quiso mucho. A todos sus hijos los amo.” 

Arenales tenía esperanzas sobre el futuro. “Mario era un niño muy bueno. Todos mis hijos iban muy bien en la escuela. Era el mejor estudiante, el mejor en matemáticas. Siempre estaba ganando premios. Sus maestros lo amaban,” dijo.

Edith Arenales acurrucando a su primogénito Mario González mientras está sentada con su esposo Víctor Mario González en una foto sin fecha. Crédito: Amir Aziz

Mario era bueno memorizando números de teléfono y resolviendo problemas complicados de matemáticas en su cabeza. Se graduó de la escuela primaria en Aspire Monarch Academy. Arenales dijo que a sus otros hijos también les estaba yendo bien en la escuela, pero fue en esa época cuando a Efraín, de 2 años, le diagnosticaron autismo. “Fue un golpe muy fuerte para nosotros. Mi esposo nunca aceptó su diagnóstico,” dijo.

Cuando Mario se graduó de la escuela primaria en 2005, la familia se mudó a Modesto brevemente hasta que Arenales y su esposo se separaron. Arenales regresó a Oakland con sus hijos en 2006 a un departamento en Catron Drive en Sobrante Park.

“Con mucha necesidad, pero ellos eran muy felices,” dijo Arenales. “Había tantos niños. Recuerdo que yo les hacia sus pasteles. No había regalos, pero estaban todos sus amiguitos.” La familia vivió allí durante seis años hasta que un incidente en el parque cercano a su casa los llevó a mudarse a su hogar actual en la 100th Avenue.

Al crecer en un vecindario peligroso, Mario cuidó y protegió a sus hermanos.

En 2006, cuando Mario tenía 12 años, su padre se mudó de regreso a México. Los dos nunca tuvieron una relación cercana después de eso, y en 2016 su padre murió. Al separarse de su esposo, Arenales consiguió un trabajo en una gasolinera. Su horario, a partir de las 7 p.m. a las 3 a.m. la obligó a buscar la ayuda de una vecina para ayudarle a cuidar a sus hijos. Mario también tomó el rol de cuidar de sus hermanos menores. 

“Mi vecina de al lado me ayudó a cuidar [de mis hijos], pero Mario era mi mano derecha,” dijo sobre su hijo mayor. “Siempre se preocupó y asumió esa enorme responsabilidad.”

“Este era un joven que era responsable de muchas cosas de adultos incluso cuando era niño,” dijo Art Mola, uno de los maestros de preparatoria de Mario que se convirtió en un amigo cercano de la familia. “Algunas personas piensan que los jóvenes se convierten en el hombre de la casa como una insignia de honor, pero a veces es porque no hay otro hombre en la casa. Mario cuidó muy bien a sus hermanos.” 

A veces, el cuidado de Mario implicaba asegurarse de que sus hermanos estuvieran a salvo. Él y Víctor, que era aproximadamente un año y medio más joven, solían caminar o tomar el autobús juntos al salir de la escuela. Arenales le compró a Mario un teléfono celular para que pudiera llamar y avisar que estaban a salvo en casa o en caso de una emergencia. Su vecindario era peligroso y caminar a los alrededores los exponía a posibles amenazas.

En una ocasión, Arenales recibió una llamada de un número desconocido. Era Mario, llamando desde un teléfono que no reconocía. Los hermanos habían estado esperando el autobús y, como tardaba demasiado, decidieron caminar. En el camino, un grupo de hombres mucho mayores que Arenales sospecha que eran pandilleros golpearon a Víctor y asaltaron. Mario se disculpó cuando le dijo a su mamá que le habían robado el teléfono celular. Sabía que ella había trabajado duro para poder comprarlo.

“Mis hijos pasaron por muchas cosas,” dijo.

Mario González se graduó de la escuela primaria Aspire Monarch Academy y de la preparatoria Coliseum College Prep Academy. Crédito: Amir Aziz

Un día, cuando Mario tenía 15 años, Arenales llegó a casa y descubrió que Mario no estaba. Víctor se mostró renuente a contarle lo ocurrido. Finalmente, le explicó que el mismo grupo los robó y agredió nuevamente a Víctor mientras caminaban a casa después de su programa después de escuela.

“Víctor me dijo que Mario estaba muy enojado porque los hombres habían robado sus $80 y su teléfono celular, nuevamente,” dijo Arenales. “No se quien le dio a Mario una pistola y fue a buscarlos a confrontar al grupo para recuperar su dinero.” 

La familia no presentó un informe policial por ninguno de los robos. Arenales temía posibles represalias por parte del grupo. No quería causar más daño a sus hijos.

Oaklandside escuchó varias versiones de esta historia. Mario supuestamente disparó el arma, pero no golpeó a nadie. Fue arrestado, procesado y encarcelado en un centro de menores. No pudimos acceder a los registros y confirmar los detalles porque se trataba de una condena en el tribunal de menores.

Mola, quien también creció en un vecindario peligroso, simpatiza con la decisión de Mario.

“El código de las calles es que tienes que defenderte,” dijo Mola. “Lo sé porque así es como crecí. Sé que Mario tuvo que seguir las reglas de la calle porque las consecuencias habrían sido mucho peores si hubiera hecho algo como correr a las autoridades o decirle a la escuela que los estaban siguiendo y molestando.” 

Mola repitió una regla de la calle que se escucha a menudo, “los soplones tragan polvo,” y especuló que si Mario hubiera denunciado las agresiones, los hombres lo habrían atacado a él ya su familia nuevamente. Si hubiera dejado pasar el incidente y no hubiera respondido, probablemente él y Víctor habrían aparecido como un blanco fácil y habrían sido atacados repetidamente.

Arenales no pudo visitar a su hijo en la correccional para menores porque no tenía una identificación válida de California y debido a su estado migratorio en ese momento. (Arenales ya ajusto su estado migratorio). Cuando sus maestros, amigos de la familia y funcionarios escolares se enteraron de que había sido detenido y que Arenales estaba teniendo dificultades para defenderlo, apoyaron a la familia escribiendo cartas de apoyo y asistiendo a su audiencia en la corte.

“Nunca hubo ninguna vacilación,” dijo Mola. “Fue como, ‘Dios mío. Hagamos algo. Tenemos que ayudarlo. No se merece esto.” 

El apoyo ayudó. Mola recuerda que el juez tomó nota durante la audiencia de la forma en que la gente avalaba el carácter de Mario. Mario fue liberado con un monitor de tobillo y completó servicio comunitario.

Mario se destacó en un programa de la preparatoria de justicia social

Cuando Mario asistió al Coliseum College Prep Academy, participó en Elev8, una iniciativa educativa nacional que buscaba interrumpir el camino de la escuela a prisión que agobia las comunidades de bajos ingresos. A través de clases de justicia social, actividades y excursiones, los estudiantes de Elev8 perfeccionaron sus habilidades de liderazgo y aprendieron sobre el sistema de justicia penal, la pobreza, la desinversión del gobierno en sus comunidades y las causas fundamentales de la violencia de las pandillas que veían y experimentaban con regularidad.

Además de ser el maestro de Mario, Mola dirigió el programa Elev8 en CCPA, donde enseñó a los estudiantes sobre la historia de las pandillas callejeras. Aprendieron que las pandillas se iniciaron en gran medida en las cárceles, eran un síntoma de la opresión económica y racial, y que el cambio real sólo puede producirse mediante la transformación y la organización de la comunidad. A través de excursiones a cárceles, los estudiantes de Elev8 aprendieron de los hombres encarcelados en la prisión estatal de San Quentin sobre cómo se criminaliza a los jóvenes latinos y afroamericanos y cómo podrían organizarse para fortalecer sus comunidades.

De izquierda a derecha: Luis Reyes, Mario González y otro estudiante en su graduación de CCPA. González y Reyes participaron en el programa Elev8 de CCPA. Crédito: Luis Reyes Credit: Amir Aziz

“Estabas haciendo una promesa de mejorar tu propia situación,” dijo Mola. “Al hacerlo, también se comprometió a mejorar su comunidad”.

Durante el segundo año de preparatoria de Mario, Mola creó un programa en el que a los estudiantes de preparatoria se les pagaba un pequeño estipendio para guiar a los estudiantes de secundaria. Mario estuvo involucrado en ese programa desde sus inicios y fue mentor de tres estudiantes de secundaria cada año hasta que se graduó.

Pamela Fong, directora de Elev8 en Oakland, recuerda cómo Mario se destacó en el programa.

“En el contexto en el que Mario creció, el machismo predominaba, pero él era muy amable y paciente, especialmente con los niños más pequeños,” dijo. “Fue realmente genial. Sabía cómo conectarse y ser real con ellos.” 

Fong dijo que los estudiantes con los que trabajaba cuyos padres no estaban presentes en sus vidas a menudo se sentían avergonzados, pero Mario llegó a comprender que ser un líder cuidar de la familia a pesar de la falta paterna era un conjunto de habilidades, no un déficit. Quería compartir su experiencia con otros niños en posiciones similares.

“Cada vez que iba a su casa, Mario era el que cocinaba y ayudaba a su mamá,” dijo Luis Reyes, un compañero de estudios de Elev8 y amigo de Mario y Víctor. “Había un programa extracurricular que nos enviaría a tomar clases en College of Alameda y Merritt College también. Mario siempre se aseguró de que pusiéramos atención a todas las clases.” 

Cuando la popularidad de Elev8 creció y la asistencia a clase llegó a unos 50 estudiantes, a veces Fong y Mola apartaban a grupos más pequeños de estudiantes para trabajar en conjunto, dejando a otros trabajar independientemente. Fong recuerda que Mario y Reyes asumieron roles de liderazgo durante este tiempo, reorientando a los estudiantes con firmeza pero calma si su compromiso con sus tareas comenzaba a flaquear.

“Podrían dominar totalmente la clase,” dijo. “Ellos nunca gritaron. Simplemente se levantaban y todos ponían atención. Era muy interesante verlos en acción.” 

Pero a pesar de todos sus beneficios, el programa no fue un santuario. La falta de respeto y el peligro del mundo que habitaba Mario nunca estuvo lejos. Mola recuerda una excursión escolar con aproximadamente 50 estudiantes latinos que caminaban por un vecindario cerca de CCPA para entrevistar a líderes que dirigían programas locales de servicio social. Mientras Mario y los otros estudiantes iban de un sitio a otro, un helicóptero de la policía los siguió.

Cuando Mola acompañó a Mario y a otros estudiantes a asistir a una clase de preparación universitaria en Merritt College que el programa Elev8 había ayudado a organizar, los pandilleros amenazaron con atacarlos mientras cambiaban de autobús. Mola logró desescalar la situación y nadie resultó herido físicamente, pero la situación mostró cómo atravesar diferentes vecindarios representaba peligros para sus alumnos.

Durante sus años de escuela preparatoria, Mario también estudió mantenimiento y reparación de bicicletas a través de un programa de pasantes que CCPA había organizado con The Bikery, una tienda de bicicletas administrada colectivamente en Fruitvale. Aunque su pasantía terminó hace unos ocho años, el personal de la tienda todavía lo recordaba y recientemente colocó un altar con una foto y flores.

Inspirándose en su hermano mayor, Víctor también participó en Elev8. Mola cree que Mario estableció un estándar para sus hermanos a través de su devoción al programa.

“Amaba a Víctor,”  dijo Mola. “Y lo sé porque vi cómo Mario siempre estaba cerca de Víctor como una forma de decir: ‘Oye hermanito. No estoy demasiado lejos. Estoy cerca’ “. Víctor caminaba con la sensación de seguridad de que tenía un hermano mayor que lo quería mucho.” 

Cuando Mola solo pudo elegir a tres de sus 65 estudiantes para participar en una excursión a un simposio de pandillas en el estado de la Florida, un evento que permitió a los estudiantes hablar con los agentes del orden sobre sus experiencias como jóvenes de color que vivían en áreas que enfrentaban violencia de pandillas, Mola eligió a Mario. Fong recuerda las discusiones que tuvo con él sobre Elev8 que demostraron que él creía en la iniciativa y lo que podía hacer por él y sus compañeros.

“Me sentí realmente honrada de que él hablara conmigo o estuviera conmigo durante unos minutos,” dijo. “Era alguien que, cuando estabas en la habitación con él o junto a él, había algo emocional donde había una verdadera conexión.”

Después de que Mario se graduó, le enviaba mensajes de texto o llamaba a Fong de vez en cuando de una manera que ella recuerda cómo juguetona y dulce. La última vez que le envió un mensaje de texto, le envió una foto de él con Mario Jr. en sus brazos. Fong dijo que significaba mucho que la recordará y le mostró que seguía preocupándose por ella y respetaba el trabajo que hacía con él a través de Elev8.

Su conexión con Mola era aún más profunda. Aproximadamente cinco años después de graduarse, Mario se acercó a él después de que ocurriera el evento más desgarrador de su vida.

A pesar del trauma que sufrió, Mario soñó con un futuro mejor

El hermano menor de Mario González, Víctor González, murió en 2017. Según su madre, Mario nunca se recuperó de la muerte de Víctor. Crédito: Amir Aziz

Un sábado de enero de 2017, el hermano de Mario, Víctor, quien tenía 20 años, partió temprano en la mañana para ir a San Francisco con unos amigos. Se suponía que iba a ser una salida divertida, pero nunca volvió a casa esa noche. Las llamadas de Arenales y Mario a su teléfono celular fueron directamente al buzón de voz. Lo buscaron frenéticamente en hospitales, cárceles y preguntaron con otros amigos. Preocupados, lo denunciaron como desaparecido tres días después de su desaparición.

Dos semanas después, el 29 de enero, los agentes del alguacil de San Francisco fueron a su casa y les dijeron que el cuerpo de Víctor había sido encontrado.

“Nunca supe lo que realmente le pasó,” dijo Arenales. “Cuando Mario se enteró, empezó a romper cosas. Traía sus manos sangrando mientras gritaba por su hermano. Mario nunca superó la muerte de su hermano. Siempre estaba triste pero nunca actuaba violentamente. Él estuvo a mi lado todo el tiempo.” 

Arenales dijo que su familia no ha podido sanar esa herida después de la muerte de Víctor. Se dictaminó como un ahogamiento. Hasta el día de hoy, no se ha encontrado el vehículo que manejaba.

Mario llamó a Mola poco después de la muerte de Víctor. Sabía que el hermano de Mola también había muerto trágicamente y quería desahogarse platicando con él.

“Lamentamos la pérdida de la vida de Víctor y lo hicimos de manera muy reservada,” dijo Mola. “Ninguno de los dos éramos personas emocionales muy expresivas. Pero sabemos cómo se siente el dolor.”

Mola ayudó a Mario a correr la voz sobre una recaudación de fondos que Jerry había comenzado a brindarle a Víctor un entierro digno. Mario le envió un mensaje de texto a Mola con fotos de Víctor. La primera que envió fue una foto familiar de Víctor justo después de su graduación.

“Víctor era como el suplente de Mario,” dijo Mola. “Era muy callado y observador”.

Según Mola, quien enseñó a ambos hermanos, cuando estaban en la escuela preparatoria, las calificaciones de Víctor comenzaron a superar las de Mario. Pero los hermanos no eran competitivos.

“Fue casi un motivo de orgullo para Mario que Víctor tuviera mejores calificaciones,” dijo Mola. “Cuando murió justo después de graduarse, fue devastador.”

Arenales cree que Mario nunca se tomó el tiempo que necesitaba para llorar. “Quería ser fuerte por sus hermanos y por mí,” recuerda Arenales. “Sé que Mario estaba deprimido. Le faltó llorar, le faltó desahogarse, pero estuvo al lado de su familia a pesar de todo.”

Reyes, el amigo de Mario, dijo que algo sucedió después de la muerte de Víctor. “Se volvió una persona diferente,” dijo Reyes. “No hablaba tanto ni mencionaba nada sobre Víctor. Probablemente estaba pasando por una depresión, pero siempre decía que ahí la llevaba.”

Aunque se alejaron después de graduarse de la escuela preparatoria, Reyes se mantuvo en contacto con Mario a través de las redes sociales. La última vez que Reyes vio a Mario fue en enero en Southshore Shopping Center en Alameda.

“Lo vi sentado en una banca. Me dijo que estaba buscando trabajo, que estaba bien y sin meterse en problemas,” dijo Reyes.

Antes de la pandemia, Mario trabajaba en una pizzería en Alameda, un trabajo que perdió cuando la orden de quedarse en casa entró en vigencia en marzo de 2020. Después de ser despedido, asumió el papel de cuidador a tiempo completo de Efraín.

Su familia y amigos creen que los efectos de la pandemia, la incertidumbre financiera y el deseo de mantener a su familia a salvo era algo que siempre estaba presente en su mente. Durante este tiempo, es posible que su depresión haya empeorado. Estaba tomando antidepresivos. “Mario estaba preocupado por cómo iba a mantener a mi nieto,” dijo Arenales.

Mario y la madre de su hijo, Andrea, se separaron después de que Mario Jr. nació y compartieron la custodia del niño. Arenales dijo que se llevaban bien. Andrea eligió no ser entrevistada para este artículo, pero se pronunció en apoyo a Mario en una conferencia de prensa el 27 de abril.

“[Los oficiales] dejaron a un niño de cuatro años sin padre,” dijo. “Él ama a su papá. Sigue pidiendo que le hagan una videollamada. Le dije que [su papá] estaba muerto y que estaba en el cielo. Ahora cree que es un astronauta en una nave espacial. ¿Cómo le explico que no volverá?”

Mario González buscó seguridad en Alameda y quería regresar a la escuela después de ser vacunado. Soñaba con rentar un departamento para su familia en Alameda y llevar a su hermano Efraín a caminar por la playa. Crédito: Edith Arenales Credit: Edith Arenales

La semana antes de que lo mataran, Mario estaba haciendo planes para vacunarse junto con su madre y Efraín. Mario quería volver a la escuela. Su plan era ganar y ahorrar lo suficiente para poder alquilar un departamento en Alameda y llevarse a su familia lejos de Oakland.

El último día que Arenales vio a Mario fue el viernes 16 de abril. Mario ayudó a Efraín a bañarse antes de que Arenales regresara del trabajo. Le dijo que iba a pasar el fin de semana en Alameda con sus amigos y que volvería a celebrar su cumpleaños el martes siguiente. Su hermano Jerry también estaría en la celebración.

“Dile a Jerry que lo amo y que nos vemos en estos días,” recuerda Arenales que dijo Mario antes de irse.

“Mario siempre decía que Alameda era más seguro para nosotros,” dijo Arenales, “que quería llevar a Efraín a caminar por la playa.” 

El policía que llegó primero al Scout Park el 19 de abril le preguntó a Mario, que parecía desorientado, una serie de preguntas. Aunque no amenazaba a nadie ni estaba traspasando un área privada cuando llegaron otros agentes, la policía intentó inmovilizarlo. Sometieron a Mario  contra el suelo, se arrodillaron y presionaron su espalda con las manos y los brazos durante unos cinco minutos mientras él forcejeaba. Después de que Mario cayó inconsciente, los oficiales intentaron darle primeros auxilios. Nunca se despertó.

Recientemente, Arenales sonó con Mario. En el sueño Mario está en el sofá, medio dormido. “Se volteo y me dice: ‘¿Qué pasó? ¿Madre, a poco tú también crees que esos policías me mataron? No, me estaba haciendo el dormido, ma. Diles a toda la gente que va a la casa que estoy dormido.”

Arenales tiene un altar para Víctor, el cual ahora también es para Mario con fotos entre jarrones llenos de rosas y claveles. Los álbumes de fotos apilados en la mesa de la cocina le recuerdan las fiestas de cumpleaños, las graduaciones y otros momentos felices con sus hijos.

“Si tan solo [la policía] le hubiera pedido el número de su madre. Él sabía mi número de memoria,” dijo Arenales. “Yo hubiera ido por él. El no tenía porqué morir.”

Nota del editor: después de la publicación de esta historia, agregamos una corrección que Jerry González no estaba inscrito en el programa Elev8. Agregamos una aclaración para dejar en claro que la Sra. Arenales ajustó su estatus migratorio. También eliminamos cierta información que planteaba problemas de seguridad.

Zack Haber

Journalist and poet writing about homelessness, housing, and activism in Oakland and the East Bay.

Azucena Rasilla is an East Oakland native, a bilingual journalist reporting in Spanish and in English, and a longtime reporter on Oakland arts, culture and community. As an independent local journalist, she has reported for KQED Arts, The Bold Italic, Zora and The San Francisco Chronicle. She was a writer and social media editor for the East Bay Express, helping readers navigate Oakland’s rich artistic and creative landscapes through a wide range of innovative digital approaches.