Emilia Zarate, outside her home in East Oakland. Credit: Amir Aziz

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Emilia Zarate de 46 años de edad, ha vivido en Oakland, en donde ha criado a sus dos hijos de seis y siete años de edad, por 16 años. Así como miles de residentes de Oakland, ella perdió su trabajo al comienzo de la pandemia, lo cual resultó en dificultades financieras que han afectado a las mujeres Latinas más que a cualquier otro grupo. A pesar de la pérdida de ingresos y lo que esto ha significado para ella y su familia, Zarate, originaria de Oaxaca, ha encontrado apoyo en su comunidad y mucho por lo cual se siente agradecida durante la pandemia. 

Su historia se produjo por El Tímpano, una laboratorio de periodismo local en español. 

Yo trabajaba para una lavandería industrial, dónde lavan para aerolíneas. Éramos muchísimo personal, tal vez 150 personas, más o menos. Cuando recién empecé, lo que hacía era doblar cobijas. Después aprendí a sellarlas en bolsas plásticas. Y después aprendí a doblar las servilletas. Ahí hay una plancha grandísima, y las servilletas secas ya salen secas. Hay que doblarlas, porque depende de la aerolínea, los doblados son diferentes.  

Es bien cansado, la verdad. He tenido varios trabajos aquí en este país, pero ese ha sido el más matado, y peor pagado. Te exigen mucho. Pero, pues, gracias a Dios tuve trabajo mucho tiempo y más que nada, cuando yo pedía cambios— incluso cuando ya mis hijos entraron al kínder, o tenía que cambiar de horario —nunca me lo negaban. Entonces por eso, me aguanté mucho tiempo. 

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En enero del 2020 yo tuve muchos síntomas del coronavirus, pero aún no lo habían declarado. Entonces me dio fiebre, dolor de cabeza, dolor de huesos. No podía ni caminar. Estuve como 15 o 20 días creo que estuve así pues mal. Tuve que renunciar y al poco tiempo, cuando yo pretendía regresar, me descansaron los niños y ya no se pudo. Ya me quedé en la casa definitivamente, y pues sigo hasta ahorita todavía. Mis niños todavía siguen estudiando en línea. 

Por cuatro meses desde enero del año pasado no tenía ingreso. El papá de mis hijos siempre me ha apoyado y cuidado de los niños económicamente. Era bien difícil porque en esos meses el papá de mis hijos también tuvo que meterse en deudas, porque él me apoyaba. Como dos meses pagó él sólo la renta, y pagó él y la comida también. Yo todavía no estaba enterada de las ayudas. Y él me llevaba la comida de los niños, la fruta, leche, todo. Y él también se quedó sin trabajo, creo que, no sé si tres o cuatro meses estuvo sin trabajo. 

Tuve que salir del lugar donde estaba y mudarme con el papá de mis hijos, su hermana y sus niños. Rento un cuarto aquí, pues ahorita es una gran ayuda. Por ejemplo, yo antes no podía ir a traer comida porque vivía un poco retirado. Ahora, dejo a los niños con los hijos de mi cuñada que ya son mayores de edad, y me voy a traer mi comida aquí en la 76th, donde dan la comida. Se me hace más fácil. Aquí también tengo una vecina que de repente me trae una caja de comida, así de de las que dan. Y le digo, ha sido una gran bendición. A pesar de que no tengo trabajo así, bendito dios que nunca me ha faltado un plato de comida.

Emilia Zarate en frente de su casa en Fruitvale. Credito: Amir Aziz

Pues ayuda financiera sí necesito, ¿verdad? Lamentablemente, le digo que yo he tratado de enscribirme así como para ayudas en rentas o ayudas así, pero no he podido por lo mismo de que te piden tu seguro social. Pues lógico yo no tengo. Te piden comprobantes y tampoco tengo porque yo sólo rento un cuarto. Entonces sí me ha costado en ese sentido. Sí quisiera ayuda, pero no puedo por lo mismo de que no lleno los requisitos. Solo he recibido una ayuda del Centro Legal de La Raza que me regalaron quinientos dólares

Ahorita ya estoy pagando. Cuido un niño gracias a Dios. Tengo que ajuntar para pagar los biles, para pagar la renta. Tengo un hijo en México también. Entonces, me ha costado un poco. Esta pandemia vino a afectar toda la economía prácticamente. Pero le digo, sigo adelante. Prácticamente no gasto en comida. Sólo poquita carne o algo así. Pero fruta, verdura y eso pues ha sido una bendición este país, porque si hay lugares donde te dan comida. 

Ahorita con esto que se ha venido la pandemia ha sido muy bonito, porque ha sido mucho estar en familia. Porque cuando yo trabajaba era puro correr. Correr para dejarlos en la escuela, después ir a trabajar. Llegas cansada, a veces estresada de una u otra forma. A veces, si les hablas fuerte a los niños por el estrés que traes, porque no te fue bien tu día. 

Y en cambio, ahora pues por lo menos les ayudo a hacer sus tareas, los meto a las clases, si jugamos un ratito. Disfrutamos el comernos una paleta en la yarda, el comernos una fruta. A veces pongo a mis hijos a hacer tortillas conmigo, como para entretenerlos un ratito, o los saco un rato allá afuera para jugar. He aprendido a ser un poco más paciente con ellos. He aprendido a estar al pendiente de ellos y cuidarlos un poco más. Esto es, algo bonito, que antes no lo hacía.

Ha sido difícil, le digo. La bendición es que el papá de los niños nunca me ha dejado. Incluso cuando yo trabajaba en la lavandería en el día, él buscó un trabajo de noche para cuidar a los niños. Yo los llevaba a la escuela, y él los pasaba a recoger para que él durmiera un poco. 

El siempre me ha metido en la cabeza esto, “vive el día a día”. No te preocupes por mañana. Disfruta tu día. A veces me preocupo por mis deudas, ¿no? Pero me digo ya, tranquila, ya va a pasar. Hoy comemos. Mañana sólo Dios sabe. 

Narrado a Daniel Marquez y Madeleine Bair de El Tímpano. Traducido por Madeleine Bair y José Luis Caicedo.